Nunca me ha gustado despedirme. Sobre todo cuando lo hago de un lugar y de unas personas que han sido realmente importantes para mí. Pero a veces no queda más remedio y tal vez sea este el momento de hacerlo...
Durante 4 años he impartido clases en el IES "Gallicum" de Zuera y puedo
decir sin mentir que han sido de los mejores de toda mi carrera profesional
hasta ahora. Una carrera que, al lado de la de algunos de mis compañeros, no es
nada pero que abarca ya quince años de docencia, que tampoco son moco de pavo.
Desde el punto de vista práctico, han sido los mejores porque levantarte de la
cama cada mañana y entrar en clase (a 500 metros de mi casa) es un verdadero
regalo. Pero desde el punto de vista humano también han supuesto conocer a un
equipo de trabajo realmente bueno, sentirme querido por mis alumnos, apoyado por
mis compañeros (los cuales, lo sé de buena tinta, el primer año me miraron como
a un bicho raro porque hice esfuerzos palpables por conseguirlo, aunque no con
ese fin) y perfectamente integrado en la comunidad educativa zufariense.
Sé que el hecho de vestirme en el aula de monje medieval, de caballero o de
moro, saltarme a veces a la torera los programas didácticos para enfocar la
clase desde un punto de vista distinto, pasearme por los pasillos con un
mandoble o un fusil al hombro y hacer cosas como darles a mis alumnos las
preguntas del examen antes de hacerlo son detalles que han llamado la atención y
han sido objeto de críticas y de polémicas, pero también es cierto que todo ello
ha tenido su justificación pedagógica y ha contribuido a que una clase con
Enrique fuese esperada con ilusión y a que los resultados académicos ratificasen
esa justificación. Siempre he dicho que para que los alumnos disfruten en una
asignatura lo primero e imprescindible es que el profesor disfrute tanto como
ellos. Y creo sinceramente que lo he conseguido.
Las vueltas de la vida profesional me llevan ahora a otras tierras, a otros
alumnos y a otros compañeros. Al acabar el verano me incorporaré a mi destino
definitivo en el IES "Reyes Católicos" de Ejea de los Caballeros, donde
seguramente ya se habrán oído rumores de que una especie de pirado soñador va a
dar que hablar durante los próximos años en sus aulas con sus métodos peculiares
de enseñanza. Pero es algo que hace muchos años que tengo asumido, así que lo
que siento ahora mismo es una mezcla de tristeza por lo que dejo atrás y de
ilusión por lo que me espera delante. Porque también lo he dicho muchas veces:
soy como Mary Poppins... Voy donde creo que hago falta...
Gracias a todos los que han entendido que la Enseñanza puede ser una aventura
apasionante si sabes encontrar cada día una manera de convertirla en un reto.
Gracias a mis alumnos, a todos ellos, los buenos y los malos, porque he
aprendido de ellos más de lo que creen (entre otras cosas, a sentir cariño por
ellos y a tener paciencia para comprender que son adolescentes en busca de sí
mismos, que es la más dura de las tareas que tienen que afrontar). Y gracias a
mis compañeros, a todos ellos, porque también he aprendido que ser docente es
una vocación por encima de todo.
En fin... Cuando me preguntan si estoy casado y si tengo hijos siempre
respondo lo mismo: no estoy casado, pero tengo ciento y pico hijos. Cada año
diferentes... Y encantado de la vida. Así que ahora voy a conocer a los de Ejea
de los Caballeros, que no saben aún lo que les espera... He estado esta misma mañana. Y promete.
No me gustan las despedidas. Por eso no digo nunca "Adiós" sino "Hasta
siempre"...
Un abrazo muy fuerte a todos. Y buena suerte.
Enrique Villuendas
Profesor de Enseñanza Secundaria
Una vez más vuelvo a insistir " Lo que hacemos por estos chicos siempre queda ahí". Por supuesto tu aportas tu granito y dejas un gran recuerdo, de lo que estoy convencido es que más pronto que tarde te volveremos a ver en el IES GALLICUM. Sigue con ese entusiasmo por la educación que tanta falta hace para bien de todos. Un abrazo. Julio Lafuente.
ResponderEliminar