Ocurrió en junio del año 1347, poco después de la victoria inglesa en Crécy (otra batalla de arqueros que merecería la pena desarrollar, maese José Luis). Nos cuenta mi colega el cronista francés Jean Froissart que tras la batalla (septiembre de 1346) el rey Eduardo III de Inglaterra puso sitio a la ciudad de Calais, que resisitió denodadamente hasta el verano. Durante el sitio se dieron episodios tan crueles como la muerte de 500 niños y ancianos al pie mismo de las murallas. Habían salido de la ciudad para facilitar la resistencia de la misma (que se estaba quedando sin víveres después de que los ingleses interceptaran un envío) y el rey Eduardo no les dejó pasar sus líneas, de modo que perecieron de inanición a la vista de sus compatriotas y de los sitiadores.
El alcalde reunió en la Plaza de la villa a todos los habitantes y expuso las condiciones del sitiador, ante lo cual seis notables personalidades del Concejo ofreciéronse en sacrificio para salvar la vida de sus compatriotas. Eran Eustache de Saint-Pierre, los hermanos Jacques y Pierre de Wissant, Jean de Vienne, Andrieu d'Andres y Jean d'Aire. Los seis se vistieron con camisones, colgaron sogas de sus cuellos y con gran dignidad salieron por la puerta de la ciudad al encuentro del monarca inglés y ante los sollozos y agradecimiento de sus conciudadanos.
Y dice el cronista que al verlos arrodillarse llorando ante él y ofrecerle las llaves de la villa, Eduardo III los miró con odio y ordenó que los colgasen, pero ante las súplicas de sus propios caballeros y de su misma esposa, la reina Felipa de Hainault, Eduardo sucumbió a la benevolencia y entregó a los seis hombres a la custodia de su mujer, quien les retiró las sogas y los condujo, a escondidas, fuera del campamento inglés, librándoles de la muerte.
Calais permanecería en manos inglesas más de doscientos años (hasta 1558)

