viernes, 20 de agosto de 2010

44 en Facebook

No, no es un número mágico, ni el de una compañía de marines de la IIª Guerra Mundial. Son los años que cumplí ayer. Y como ya habéis dicho lo suficiente en mi perfil de Facebook, no merece la pena añadir mucho más... Aquí tenéis la cantidad de amigos que me han felicitado...

http://www.facebook.com/profile.php?v=wall&ref=profile&id=1358782040

Muchas gracias a todos... Y que dure.

martes, 17 de agosto de 2010

El monasterio de Santa María de las Huelgas Reales de Burgos

Esta semana pasada cometí una de mis locuras: un viaje relámpago a la cuna de Castilla, la ciudad de Burgos. Trescientos y pico kilómetros en un seat Ibiza bastante parcheado pero que respondió como un jabato tanto a la ida como a la vuelta. El objetivo: visitar el monasterio de las Huelgas Reales, algo así como el Poblet castellano, el mausoleo donde descansa la flor y nata de la monarquía de Castilla, más concretamente el rey don Alfonso VIII ("el de las Navas") y su esposa la reina doña Leonor Plantagenet de Inglaterra. Claro que lo que yo pretendía ver, especialmente, era el Museo de Telas Medievales con el ajuar funerario del infante don Fernando de la Cerda (hijo de Alfonso X "El Sabio"), el de su hijo el infante don Alfonso y el de la reina doña Leonor, que para eso la ropa medieval nos tiene a maltraer con el tema de las sayas, briales, pellotes, capas, cinturones, birretes, crespinas y demás zarandajas. Quién iba a decirlo: a los 44 años y convertido en una marujona que consulta catálogos de moda. Aunque sea del siglo XIII...

Sin embargo, la visita merece mucho la pena y no sólo por el extraordinario Museo de Telas, al que se accede al finalizar el recorrido. El monasterio fue fundado por los reyes don Alfonso y doña Leonor bajo la advocación de Santa María, en 1180, y tuvo como finalidad la de servir de descanso o reposo ("huelga") a los monarcas tanto en vida como tras la muerte, ya que se hicieron depositar en sus naves los sepulcros de ambos y de varios miembros de la familia regia. No obstante hay otra teoría que señala que el edificio se alzó en una finca dedicada a la cría de animales no destinados al consumo o a la caza, es decir, a animales "de huelga", de ahí el nombre del monasterio. Un poco forzado ¿no? A mí, qué queréis que os diga, me convence más la primera explicación. En cualquier caso parece estar descartada cualquier implicación de CC.OO. o la UGT en la fundación del cenobio...

Hoy, como hace 700 años, está bajo la regla del Císter y en él profesan docena y media de monjitas de clausura de dicha Orden, si bien el monasterio, por ser fundación real, pertenece al Patrimonio Nacional. La mayoría de las edificaciones (es un monasterio de dimensiones espectaculares) data del siglo XIII aunque se conservan algunas capillas (la de Santiago, por ejemplo, mudéjar) y un hermoso claustro románico ("las Claustrillas", por sus dimensiones más reducidas) del último tercio del siglo XII. Se accede desde un hermoso arco de piedra al patio interior que conduce al pórtico O., donde se encuentra una bellísima portada gótica con las armas de Castilla y León en sus arquivoltas. Hay que decir que, para no perder mi inveterada costumbre de ser "antes muerto que sencillo" y con el precedente de Anento, Peracense y mi novedosa defensa de la programación didáctica de modo poco ortodoxo, me vestí mis ropas monacales durante toda la visita, causando en el público y en la guía del monasterio la sensación que podéis imaginaros. No sé si pensaron que estoy loco o que soy una especie de genio incomprendido, pero me da exactamente igual: allá se fue el Enrique vestido de monje benedictino, con su bastón en la mano derecha y su anillaco en el dedo anular, bendiciendo al personal a diestro y siniestro. Y que salga el sol por Antequera, qué coño. Lo pasamos de maravilla y la gente disfrutó viendo todo aquello con la ambientación adecuada...

Entramos en el crucero de la iglesia monacal (es de planta de cruz latina) y contemplamos todo aquello con verdadero interés mientras nos explicaban las reformas que en siglos posteriores se hicieron en la iglesia, tapando con un muro los arcos de acceso a la nave para salvaguardar la clausura de las monjas cistercienses. En la nave de la izquierda pudimos ver el sepulcro del primogénito de Alfonso X, el infante don Fernando de la Cerda (así llamado por la verruga pilosa que "adornaba" su cara o por tener un cabello espeso, duro y rizado, quédese cada cual con la explicación que quiera), el único intacto tras los estragos y rapiñas de la invasión francesa de 1808 porque a su lado se encontraba la tumba de su hijo el infante Alfonso (también llamado "de la Cerda" por heredar el mote del padre, supongo) y los soldados gabachos tumbaron la pesada tapa de piedra de ésta sobre la del padre, impidiendo así que fuese saqueado el sepulcro. Este es el motivo por el cual se conservan perfectamente todos los maravillosos ropajes que vestía el infante don Fernando en el momento de su muerte, muy jovencico para nuestra época (20 años) y por causas naturales aunque repentinas, en el año 1275, expuestos en el Museo de Telas Medievales (vestiduras del infante, su anillo, su birrete, su espada, espuelas, talabarte y otra serie de objetos). Además pudimos ver otros muchos sepulcros como el del propio infante don Alfonso de la Cerda, el de Enrique I (hijo de Alfonso VIII, un jovencísimo rey de Castilla que murió tempranamente en 1217, a los 13 añitos, al caerle sobre la cabeza una teja y sufrir una trepanación que le llevó a la tumba -¡hay una foto del cráneo trepanado!-), el de la reina doña Leonor (esposa de nuestro Jaime I de Aragón e hija de Alfonso X de Castilla, muerta en 1244) y una docena más.

En la nave central, con los arcos perpiaños que la flanquean también cegados en el siglo XVI, pudimos ver las bellísimas tumbas del rey Alfonso y la reina doña Leonor (muertos ambos en 1214), la primera de ellas con las armas de Castilla y la segunda con los leopardos coronados de la Casa de Plantagenet inglesa (Leonor era hermana del mítico Ricardo Corazón de León). También había otros sepulcros exquisitamente decorados, como el de doña Berenguela (hija de Alfonso VIII) y el de Blanca de Portugal (hija de Alfonso III de Portugal y nieta de Alfonso X "el Sabio" de Castilla, que no fue reina pero sí señora de las Huelgas Reales). Y las paredes, cubiertas con hermosos tapices que nos explicaron que no eran tales, sino "reposteros", que se diferencian de los tapices en que en éstos las figuras están cosidas sobre el fondo del tapiz... Nunca te acostarás sin aprender una cosa más.

Luego pasamos al Claustro principal, llamado "de San Fernando" porque no adivinaréis nunca qué rey lo mandó construir entre 1240 y 1260. En él lo más impresionante es la Sala Capitular (abajo), de dimensiones colosales y todavía hoy utilizada por las monjas en ocasiones especiales. En esta sala capitular, cubierta con bóvedas de crucería, estaba en tiempos el llamado "Pendón de las Navas", al parecer una parte de la tienda o pabellón usado por el Miramamolín (deformación castellana del título Amir al-Mu'minin o "Príncipe de los Creyentes") Muhammad al-Nasir en la batalla de las Navas de Tolosa, que hoy puede contemplarse en el Museo de Telas Medievales. El claustro, dicho sea de paso, está cubierto con bóvedas apuntadas y decoradas con ornamentación calada de estilo mudéjar, con inscripciones árabes del tipo "Alá es el más grande" (Allah u-aqbar)... Lo cual no deja de ser paradójico. Los arcos del claustro fueron también tapiados en el siglo XVI porque el frío de Burgos en invierno tiene fama y tampoco era plan de tener a las monjitas congeladas en las reuniones del Capítulo.


Ya de ahí pasamos a las "Claustrillas", donde decidí darle ambientación al tema dándome un garbeo por el claustro con paso solemne y rezando en latín para regocijo de visitantes y guía, la cual me advirtió con mucho cachondeo y amabilidad que le estaba alborotando al personal, pero que se lo estaba pasando como una enana. Momento que aproveché para desvelar mi condición de Escribano Mayor de la más extraordinaria mesnada medieval de la Península Ibérica, la hueste Fidelis Regi, y quien lo dude que venga a hablar conmigo, que le dejaré las cosas claras con buenas razones. Ahí vinieron las preguntas de los asistentes, las felicitaciones y las gracias por hacer pasar a la gente un buen rato de recreacionismo "en vivo y en directo".

Ya para terminar, después de visitar la capilla de Santiago (donde una talla de madera articulada del santo era utilizada para dar el espaldarazo de caballero a los reyes de Castilla, ya que sólo Dios o el propio Santiago podían hacerlo), pasamos al Museo de Telas Medievales, instalado en la cilla del monasterio (pueden verse las tolvas desde las que se introducía el grano en los almacenes del monasterio), donde pudimos contemplar embelesados las ropas del infante de la Cerda, las de su hijo Alfonso, las del rey Enrique (el de la teja) y las de la reina doña Leonor. La sala estaba poco iluminada para salvaguardar la delicadeza de unos tejidos de casi 700 años, pero la exposición es magnífica: el pendón de Las Navas, el pellote de Fernando, el de Leonor, la crespina del infante don Alfonso, la saya encordada de la reina (enorme, de casi dos metros, lo cual se debe a que en la época los trajes arrastraban por el suelo y era preciso recogérselos para andar, señal de la condición noble del portador, cuyas manos se ocupaban únicamente de recogerse las ropas), la del infante (derecha), las capas, los cinturones extraordinariamente bordados con las armas de Castilla y León, la espada y el anillo del infante don Fernando... Una pasada. Un lujo para un recreacionista del siglo XXI.

Y ya salimos al exterior... donde me esperaban mi hermana y mi cuñado con mis sobrinos. Los cuales, al verme de tal guisa vestido, no pudieron dejar de reírse (ya me conocen bastante) y, mientras mis sobrinos se me colgaban de los brazos y el cuello y me comían a besos, me dije que nunca una hermosa visita podía tener un final tan feliz.

¿Qué? ¿Merece la pena o no hacer una escapadita a Burgos, aunque sea sólo para ver las Huelgas Reales?

lunes, 9 de agosto de 2010

PERACENSE, 2010

Esta pasada semana me ha ocurrido algo extraño... Muy extraño...

Escribo estas palabras desde mis posesiones en la vieja Zufaria, rendido casi por el sueño acumulado, pero todavía no sé muy bien si el sueño ha sido tal o si era una realidad.

He vivido, o me ha parecido vivir, durante cuatro días entre personas que no eran de este mundo. He entrado en un extraño vórtice del tiempo, en una burbuja que sin darme cuenta me ha trasladado a una época en la que el Honor, la Guerra, la Política, la Vida y la Muerte tenían un sentido radicalmente distinto al que hoy les damos...

He escuchado el tintineo de un martillo domando el hierro candente sobre un yunque, he oído el tañido de una campana llamando al cambio de guardia y a un sargento de armas echar unas broncas terribles a unos centinelas que no parecían entender que en su importante cometido descansaba la seguridad de las gentes acogidas al amor de los muros de una fantástica fortaleza de la frontera con el reino de Valencia en un momento en que vivir o morir dependía del sueño o la distracción estúpida de un soldado de la guardia...

He escuchado el rasgueo lánguido y bellísimo de un oud musulmán desgranando notas de música acompañando a una hermosa voz que entonaba canciones que traían el recuerdo de los jardines de al-Ándalus...

He vuelto a recordar los tiempos en que aún creía firmemente en Dios rezando el Ave Maria, Gratia Plena..., vestido de capellán benedictino, ante la imagen de Nuestra Señora del Castillo mientras una anciana dama que visitaba la capilla se persignaba como si estuviese en la Pulchra Leonina, en Santa María del Mar o en la misma Chartres...

He sido testigo del asalto a un castillo, he participado de su defensa y he visto, literalmente, correr la sangre a causa de tal lucha...

He visto, estremecido, combatir a dos nobilísimos caballeros, a dos Ricoshombres de Natura aragoneses buscando el Juicio del Altísimo por la posesión de una joya, de un sueño, de uno de los más hermosos castillos de la Corona. Y viendo esa lucha, reflexionando sobre ella, he lamentado en lo más hondo de mi corazón el haber frivolizado inconscientemente sobre la grandeza de aquellos sobre cuyos hombros descansó la construcción de un Reino, la defensa de un Trono y la salvaguarda de sus Leyes...

He soñado que estaba en Peracense, en el año de Gracia de 1210, y que Pedro II el Católico era el rey de Aragón...

O tal vez no lo he soñado. En cualquier caso, agradezco infinitamente tal sueño a todas y cada una de las personas (caballeros, herreros, meretrices, aguadoras, carpinteros, cocineros, freyres, soldados de mesnada, ricas damas, costureras, artesanos...), a todas las mesnadas amigas que lo han hecho posible con su esfuerzo, su tesón, su apoyo y esa pasión desatada por la Edad Media que nos une.

Eso es Peracense. Ese es el espíritu de la Mesnada Fidelis Regi...

GRACIAS A TODOS!!!!!!!!!!!!!

jueves, 29 de julio de 2010

Funcionario de carrera... por fín.

No las tenía todas conmigo...


Lo de exponer una unidad didáctica vestido con un hábito de monje benedictino del siglo XIII puede ser una genialidad o una payasada, según el grado de humor o la tolerancia que tengan los miembros del tribunal que te juzgue. Pero me la jugué. Decidí ser fiel a mí mismo, plantear mi filosofía de la enseñanza partiendo del hecho innegable de que "serio" no significa "aburrido" y que el "instruir deleitando" de los Ilustrados del XVIII sigue teniendo hoy más vigencia que nunca. Y me salió bien.

Fue espectacular. Quienes me conocen no pueden extrañarse de ello, naturalmente, ya que lo de ser caballero y escribano de Fidelis Regi no responde sólo a una apasionante atracción por la Edad Media, que también la siento, sino a un afán de protagonismo y a una vena artístico-interpretativa que, si bien es cierto que algunos disgustos me ha costado, no lo es menos que me ha proporcionado grandes momentos que superan a los "planchazos". Sobre todo ante mis alumnos.

Ya me lo dijo el presidente del tribunal: "le felicito por su valentía, ya que no todo el mundo sería capaz de jugar la baza de la motivación y la originalidad para presentar su defensa de la unidad didáctica en unas oposiciones". Y por lo que parece, pues les gustó bastante. También me planteé el hecho de que me hallaba ante cinco damas y caballeros que llevaban escuchando la misma monserga al menos dos semanas, así que me dije que había que hacer algo que rompiese esa monotonía, impactarles, modificarles los esquemas.

Y lo hice: planteé una unidad didáctica original, arropada por un currículo serio, bien argumentado, con todos sus elementos, sus objetivos, sus actividades, sus criterios de evaluación y la experiencia de once años en las aulas... Llegó un momento en que no me sentía ante un tribunal que me estuviese juzgando, sino ante una reunión rutinaria del Departamento de Geografía e Historia... Unos colegas, vaya, que no por ser profesores titulares todos ellos dejaban de ser compañeros. Me sentía suelto, a gusto, dominando la situación pero sin soberbia ni superioridad, sabiendo responder a todas las posibles preguntas-trampa. En mi salsa. Demostrándoles mi vocación más intensa: la de profesor.

Al salir del aula de examen me dió el bajón... Habían sido tres semanas de nervios, de no tenerlo claro del todo, de no saber si tenía que ser yo mismo ante el tribunal o aparentar un tipo de docente que me repele, el erudito, el pitagorín que domina bibliografías, datos, conocimientos... hasta que tiré por la calle de en medio y me encomendé a San Isidoro de Sevilla, patrono de la facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza. Salió bien. Esa noche dormí como un bendito casi diez horas...

Luego... la espera. Los nervios. Las listas de baremación... La semana pasada, la nota ponderada, un 7'675. Y esta mañana mismo, la confirmación...

Al fín, después de once años, soy profesor titular, funcionario de carrera, uno de esos "chupones sinvergüenzas a los que nos regalan el trabajo y a los que se nos está bien que nos rebajen el sueldo que ganamos por no hacer nada". Que os zurzan, imbéciles.

Y no quiero cerrar esta entrada sin daros las gracias a todos los que durante este tiempo siempre habéis creído en mí y me habéis animado... Lo he conseguido y os lo dedico a todos vosotros: mis padres, mis hermanas, mis tíos, mi familia, mis amigos. Gracias de todo corazón.



FIESTAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

miércoles, 30 de junio de 2010

Fin de curso...

Hoy hemos tenido el último claustro del curso en el IES Gallicum de Zuera, en el que trabajo desde hace dos años.


Hemos entregado los anuarios del centro a los alumnos de 4º de ESO y de 2º de Bachillerato, chicos y chicas que han estado con nosotros desde que comenzaron la Secundaria y que ahora se enfrentarán a nuevos retos, nuevos estudios, nuevos proyectos...


Mientras escuchaba a Sofía, la Jefa de Estudios, desgranar los nombres de todos ellos y sus tutores les repartían los anuarios con las fotografías de sus compañeros, me ha invadido una vieja nostalgia. Nostalgia de aquel día en que, reunidos en el salón de actos del colegio La Salle "Gran Vía" de Zaragoza todos los alumnos de COU de la promoción 1980-1984, recibí la felicitación de mis profesores y mi insignia de estudiante lasaliano (aún la guardo: un escudo con tres cabrios de oro sobre fondo de azur y la divisa latina SALLA INDIVISA MANENT alrededor del campo: "Los Lasalianos permanecen unidos") y me ví también como esos chicos y chicas del Gallicum: enfilando una nueva etapa de mi vida.


No ha sido una mala vida, vista ahora, a 26 años de distancia, que tiene tela. Las circunstancias me llevaron a ocupar el sitio del profesor en un aula, impartiendo la docencia a grupos de alumnos que, con todos los cambios que la sociedad, los gobiernos y sus absurdas legislaciones ha marcado a fuego desde entonces en sus caracteres (a menudo para peor), siguen siendo adolescentes en busca de sí mismos, como aquél que recibió orgulloso su insignia en el salón de actos de La Salle Gran Vía, y que, a menudo, son incapaces de encontrar su sitio sin ayuda, aunque no quieran, no sepan, o no se atrevan a pedírnosla.


Por eso quiero traer aquí a colación un texto que escribí, hace ya años, para otros alumnos, o tal vez para los mismos, también una tarde de verano muy calurosa y con la misma emoción que me ha embargado hoy... Dice así:


Después de todo el tiempo
que hemos pasado juntos
en las aulas del centro,
en los pasillos y los recreos...

Después de todos
los suspensos y los aprobados,
los exámenes y los trabajos,
los disgustos y las alegrías...


Después de que muchos de vosotros
hayáis sido nuestros alumnos
durante seis años
de vuestra vida de estudiantes...


No podemos menos
que despedirnos hoy de vosotros
con todo nuestro afecto
y desearos toda la suerte del mundo
ahora que vais a volar
con vuestras propias alas.


¡Muy buena suerte a todos,
chicos y chicas!


Y es que al final de curso, a pesar de los malos ratos que te hacen pasar esa panda de cabrones... esto es lo que se te queda en el corazón.

jueves, 3 de junio de 2010

El saco...

Es curiosa la cantidad de chistes de funcionarios que están corriendo de boca en boca estos últimos días...


En la panadería:

- Déme usted dos funcionarios...

-"baguettes", señora... se dice "baguettes"...

- "¿Por qué los funcionarios no creen en Dios?

- Pues porque piensan que no puede existir un Paraíso mejor que el que ya tienen..."

No soy nada corporativista, en absoluto. En el funcionariado español, especialmente, hay gente que se toca las narices la mayor parte del día. Son esos a los que el trabajo se les acumula, enseguida "se estresan" y piden la baja por depresión o directamente se bajan al bar a tomarse un desayuno de hora y media mientras dejan el expediente a medio tramitar durmiendo el sueño de los justos en la bandeja de su mesa. No individualizo. Simplemente digo que los hay porque conozco personalmente a alguno. Yo he visto a "compañeros" coger una baja médica y encontrármelos por la tarde cogiendo el tren en la estación, muy sonrientes, para irse a Barcelona, a Madrid o a Valencia a ver una exposición, un concierto o un espectáculo. Los hay, sí. No sé cuántos ni quiénes, pero algunos hay.


Pero existe un "saco" al que la sociedad echa enseguida, sin cortarse un pelo, a todo aquél que cobra del Estado, de la Administración Autonómica o de la Municipal. Lo mismo sea un médico (dicho sea de paso: a mí los médicos de la Seguridad Social me han tratado siempre con una amabilidad y una profesionalidad encomiables... Será que he tenido suerte o que no soy un tocacojones) que un bombero, un policía, un profesor, un administrativo, un barrendero o un secretario del ayuntamiento. Todos ellos, por el hecho de ser "funcionarios", son despojados del derecho a la duda y demonizados porque su trabajo es fijo, su contrato es inamovible y, por tanto, hagan lo que hagan van a seguir cobrando lo mismo aunque se toquen los huevos seis horas al día... Un prejuicio muy típico del ignorante que juzga sin saber ni conocer. Normalmente suele ser un tiparraco que empieza una conversación con un amable "¡Aber, ustez, atiéndame que yevo una ora esperando!" en lugar de un "Buenos días..." (las faltas de ortografía son intencionadas, que conste).


Así que como los "funcionarios" son unos privilegiados, todo lo que se les venga encima es bien recibido. "Un pico y una pala, es lo que les daría yo". "Sinvergüenzas". "Caraduras". "Desgraciaos". "Vagos de mierda"... "¿Os rebajan el sueldo? ¡Pues os jodéis, que para eso tenéis contrato fijo! ¡Que vivís como reyes!..."


Bueno, supongo que en un país cainita de envidiosos como el nuestro eso es algo que viene con el cargo, así que dudo mucho que pueda cambiarse esa mentalidad. De nada sirve decir que el puesto de funcionario no te lo regala nadie sino que te lo tienes que currar y que esa posibilidad está al alcance de cualquiera que tenga pelotas, voluntad y esfuerzo para hacerlo. Tampoco sirve de nada decir que no todos los trabajos que se cobran del erario público son iguales, ni mucho menos, y que la nómina -siempre poco abultada- está sujeta a todas las inspecciones, variaciones en la retención por IRPF, congelaciones y rebajas habidas y por haber, sin derecho a réplica. Ni tampoco que nos resulta imposible cobrar nada "en negro" porque la Agencia Tributaria nos tiene cogidos por los huevos ante cualquier duda en la percepción del salario. No hay remedio. Todo el mundo se inventa enseguida argumentos para llegar a la misma estúpida conclusión: vivimos como reyes y todo lo malo que nos venga encima es popularmente bien recibido y aplaudido por una chusma que, en el fondo, desearía alcanzar el Paraíso del empleo público para dedicarse (ellos sí) a magrearse la entrepierna entre el cortado de las diez y el bocadillo del mediodía.

Pero lo que de verdad me jode es el dichoso "saco". Me jode sobremanera que por el hecho de ser funcionario público (profesor de enseñanza secundaria, en mi caso), me alineen en el pelotón de los caraduras y me hagan pagar los platos que han roto sinvergüenzas que no cobran precisamente una nómina del erario público. Me jode una barbaridad ser profesor las 24 horas del día (las clases no se preparan solas, ni los exámenes, trabajos y ejercicios te los corrige un "negro", ni le puedes partir la cara a un alumno que te ha rayado el coche o te ha llegado a agredir cuando sales del instituto porque sigues siendo su profesor, ni puedes dejar de investigar nuevas metodologías al salir de clase, ni dejar de asistir a cursos de formación, ni muchas otras cosas que se salen de tu "contrato fijo" y que no te queda más remedio que cumplir para que el curso funcione razonablemente bien y tus alumnos aprendan... a pesar de sus padres) para que luego vengan unos ignorantes amargados que no saben hacer la O con un canuto y me arrojen al puto "saco" diciendo la memez más grande e injusta del mundo: "¡Hala, hala, no te quejes, que los profesores vivís muy bien!"


La madre que os parió. Si vivimos tan bien... ¿por qué no lo intentáis también vosotros y os apuntáis a este chollazo? ¿Qué os lo impide? ¡Vamos, adelante! ¿O es que no os atrevéis? Total, sólo hace falta tener una carrera universitaria, prepararte unos temas de oposiciones, presentarte junto a otros 850 y sacar la plaza por delante de todos ellos. Y una vez hecho esto, que está chupao, sólo tienes que desplazarte diariamente a medio centenar de kilómetros o más de tu casa (y volver), aguantar a una media de 75 alumnos diarios (la mayor parte de ellos desmotivados y son las mismas ganas de aprender que de tirarse por un barranco), prepararles unas clases que te van a costar un esfuerzo que nadie te va a agradecer (¡nadie!), asistir a tres o cuatro reuniones semanales, soportar exigencias (y a veces insultos, si no algo más grave) de unos señores a los que no conoces de nada pero que siempre están dispuestos a defender con uñas y dientes a su nene por muy gorda que la haya montado, tener un poco de cuidado para que no haya ningún navajero en el aula que te la jure, se quede con tu cara y su papi te meta dos hostias por no haberlo aprobado y ya está. A disfrutar de un "sueldazo impresionante" que te regalan por no hacer nada. ¡Y encima con tres meses de vacaciones, que esa es otra! No entiendo de ninguna manera por qué he visto salir de una clase a una compañera llorando de impotencia porque era imposible intentar siquiera enseñar a la panda de tarugos impresentables que le habían tocado en suerte y que le habían dicho "¡No me rayes, tía, vete a tomar po'l culo!"... Seguro que sus papás son de los que echan también al "saco" a la pobre chica. Con lo bien que se vive cobrando por no hacer nada.




¿Un pico y una pala? ¡A un aula os metía yo, armados sólo con un libro de texto, durante cuatro o cinco horitas a ver qué os parecía entonces cobrar a finales de mes un 7 u 8% menos del sueldo que, según vosotros, no nos merecemos, y con una retención añadida del 14% de IRPF! Anda, que no me iba a reír poco...




¡Y metéos el jodido "saco" donde os diga...!

sábado, 8 de mayo de 2010

El Nombre de la Rosa


Esta vez voy a ponerme platónico...


En el Mundo de las Ideas esta novela hace mucho tiempo que ya estaba escrita. Umberto Eco sólo la trajo al mundo sensible, al de las sombras, para que los pobres encadenados en la Caverna tuviésemos al menos la satisfacción de leerla e intuir lo que significa la Idea Universal de "Novela Histórica"...


Se han dicho muchísimas cosas sobre ella, se han vertido críticas sin cuento en revistas y foros y se ha convertido en referencia insoslayable de lo que conocemos como un "Best Seller". Pero ocurre que, así como muchos de estos "éxitos de ventas" no parecen tener una explicación que justifique su fortuna (¿qué demonios tiene "El Código da Vinci" para haber hecho multimillonario a Dan Brown?), en el caso de esta obra tanto la profundidad de su temática y la intensidad de su argumento como la calidad literaria y el dominio del período que refleja la convierten en una obra maestra por derecho propio, sin necesidad del despliegue mediático-propagandístico que la rodeó en su momento. Es lo que suele ocurrir cuando un escritor sabe de lo que habla y, además, es un maestro transmitiéndolo...

"El Nombre de la Rosa" me convirtió en rendido discípulo de esa mezcla de Sherlock Holmes, Guillermo de Ockham y Leonardo da Vinci que es Guillermo de Baskerville, un monje franciscano inglés ("mis islas", dijo Guillermo con nostalgia) que ha sido convocado junto a su joven amanuense, el novicio Adso de Melk, a una reunión en "una remota abadía perdida en el recóndito norte de Italia, una abadía cuyo nombre parece ahora más prudente y piadoso omitir" para la ardua tarea diplomática de defender las tesis de los franciscanos sobre la Pobreza de Cristo frente a los postulados sobre la Caridad de la Iglesia mantenidos por los teólogos de la delegación del papa Juan XXII. Pero, sin poder ni querer evitarlo debido a su curiosidad innata y a su afán de sabiduría, Guillermo se encuentra enzarzado en una trama policíaca en la cual los crímenes que se producen en la abadía anfitriona del encuentro entre las legaciones papal e imperial sumergen al lector en un cuadro fascinante en el que se mezclan la Herejía (¡Penitenciágite! ¡Cuidado con el Diávolo qui arrivará in futurum para devorar tu ánima! ¡La Morte est supra nos!), la Inquisición (con ese Bernardo Gui que encarna la intransigencia más radical aliada con el poder más omnímodo), la Teología (las referencias escolásticas son innumerables), la Filosofía (Aristóteles como maestro indiscutible del saber humano), la Bibliofilia (que a un amante de los libros tan rendido como un servidor la primera vez que Adso y Guillermo penetran en los secretos de la Biblioteca y descubren sus tesoros le pone los pelos como escarpias), el Crimen (morir envenenado en la misma medida y con la misma rapidez que nos consume el ansia del conocimiento... es colosal, soberbio, inimaginable) y las bajas pasiones humanas (no tenía idea yo de cómo podía correrse uno en latín)...


El joven Adso de Melk, ese trasunto del doctor John Watson, es quien cuenta la historia, pero la abadía es la verdadera protagonista de la novela. Todos los personajes se mueven, discuten, reflexionan, investigan, asesinan, se enorgullecen, estudian, aprenden, dan rienda suelta a sus impulsos más primitivos y mueren "entre estos mismos muros" (Ubertino da Casale) que al final son pasto de las llamas en un estremecedor epílogo en el que el fuego consume, como justo castigo divino, ese infierno "abandonado de la mano de Dios" (Adso de Melk). Yo también dibujaba en la mente las distintas salas de la biblioteca conforme Adso y Guillermo van recorriéndolas, antes de descubrir que Umberto Eco lo había hecho ya por mí en una de las pocas ilustraciones que tiene la novela. Pero también imaginaba el entorno de la iglesia, del refectorio o del scriptorium mientras Guillermo de Baskerville y Jorge de Burgos se enzarzaban en esa apasionante discusión ("Tum podex carmen horridulum") sobre la risa de Cristo ...


Dos historias paralelas, unos crímenes propios de la más emocionante Novela Negra y una excelente descripción de la herejía, la alta política y el pensamiento escolástico tardomedieval con citas y referencias a los más eminentes Padres de la Iglesia, con decenas de lecturas posibles (sociales, filósóficas, policíacas, eróticas, científicas, teológicas, jurídicas...), un mundo en el que bucear, el de la Baja Edad Media que, además, me resulta arrebatador, cautivador, extraordinario... ¿Se puede pedir más? Pues va a ser que sí.


Porque entonces, en pleno apogeo y triunfo de la obra del profesor boloñés, llegó Jean-Jacques Annaud y dirigió una soberbia película que, en esencia, recogía magistralmente el espíritu de la novela y de sus personajes, resumiéndola como el cine exige merced al poder de la imagen en movimiento y que me cautivó tanto o más que la propia obra literaria. Al margen de que se trata de dos medios completamente distintos para contar una historia y de que a menudo el cine desvirtúa y prostituye la literatura en aras de la espectacularidad, la película del director francés me enamoró, sobre todo con ese magnífico y maduro Sean Connery al lado de Ron Perlman, Christian Slater, F. Murray Abraham (el Antonio Salieri de Amadeus, que ya hablaré de esta película en otra ocasión) y un elenco de actores tan magistralmente escogidos que convirtieron el film en un referente ineludible del cine histórico del siglo XX. Una historia bien contada, espléndidamente fotografiada y ambientada (¡ese Laberinto de la Biblioteca, ese nártex de la iglesia abacial, joder, eso es de Oscar indiscutible al mejor decorado!), magistralmente resuelta. Una de ésas de las que recuerdas toda la vida algunos diálogos:


Abbone: ¿Debemos decírselo?

Malaquías: No. Buscaría allí donde no debe.

Abbone: Pero... ¿Y si lo descubre... por cuenta propia?

Malaquías: Sobreestimáis su inteligencia, mi señor Abad. Sólo existe una autoridad capaz de investigar tales asuntos. La Santa Inquisición...


Abbone: ¿Qué opináis vos, venerable Jorge?


Jorge de Burgos: Amados hermanos... Yo dejo las cosas mundanas para los más jóvenes.






Colosal. Los pelos como escarpias, ya lo he dicho antes.

"Stat pristina Rosa nomine, nomina nuda tenemus..."

Sí, lo he decidido. Yo, de mayor, quiero ser Guillermo de Baskerville.