miércoles, 8 de diciembre de 2010

Un homenaje a un gran sabio.


Hoy, queridos cachorros, quiero hablaros de un periodista...


Uno, en su ignorancia, tiene algunos referentes culturales que se han adquirido bien de oídas, bien de lecturas a lo largo de arduos años de trabajo y estudio. En la vida cotidiana, más o menos a menudo, oyes hablar de grandes personalidades de las Artes, las Ciencias y las Letras a través de diversas exposiciones, conmemoraciones de aniversarios, grandes eventos, presentaciones de libros, conferencias, ciclos, cursos y cursillos etc. Grandes hombres y mujeres cuya vida y obra a lo mejor ni conoces, y tal vez ni siquiera llegas a conocer nunca, pero sabes que son importantes, que merecen ser estudiados, aunque a ti tal vez no te interesan en absoluto. Está muy claro que no es necesario amar la Medicina para saber que Ramón y Cajal o Severo Ochoa son dos de los más ilustres médicos e investigadores que España ha dado a esta Ciencia. Y del mismo modo, no es necesario haber leído a García Márquez, a Miguel Hernández e incluso a los mismísimos Cervantes, Quevedo y Lope de Vega para, por lo menos, intuir su capital e insustituible aportación a esa jerga que ahora tan mal se acomoda a la mentecatez autonómica patria y que tiene el bello nombre de Lengua Española.

Hace ya años se añadió uno de estos grandes hombres a mi galería personal de referencias culturales, esta vez en lo que al campo de la Historia se refiere. En mi caso concreto ese cajón del archivo de mis devociones y mi memoria cuenta con las fichas de individuos como Herodoto, Tucídides, Jenofonte, Tácito, Polibio, Suetonio, Tito Livio, Vasari o, más recientemente, Robin G. Collingwood, Albert Soboul, Lucien Fevbre, Marc Bloch, Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques Le Goff, Manuel Tuñón de Lara, Claudio Sánchez Albornoz, Américo Castro, Ramón Ménendez Pidal, Josep Fontana, Julián Casanova, Emilio Mitre, Julio Valdeón, Juan Pablo Fusi, Fernando García de Cortázar, Javier Tusell y un amplísimo etcétera. Ninguno de los mencionados ha dejado de aportar interesantes reflexiones y, a veces, testimonios realmente importantes y sorprendentes a la Historiografía. Sin embargo echaba en falta algo de lo que muchos de estos grandes historiadores adolecen: la capacidad de emocionar, de conectar con un público al que la Historia le resulta todavía una disciplina llena de fechas, de grandes nombres, de sangrientas batallas y de intragables estadísticas. Y fue entonces cuando lo encontré.

Se llamaba Indro Montanelli, era periodista y lo conocí a través de una de sus obras maestras: la Historia de Roma, publicada en 1957 a través del famoso diario milanés Corriere della Sera. Una sorprendente historia de Roma que hablaba de los ataques de colitis que casi hicieron a Augusto perder la batalla de Filippos o la vergüenza que Julio César sentía por su calvicie, de manera que se peinaba con el pelo hacia adelante para disimularla. Y todo ello basándose en la información que proporcionan individuos como Tácito, Tito Livio o Suetonio. Una información tan cachonda como la que contiene su posterior Historia de los griegos (1959), a la cual no quiso titular Historia de Grecia por la sensata razón de que Grecia no existió jamás como unidad política. Y por eso su historia es de los griegos: de Clístenes, Solón, Licurgo, Pericles, Alcibíades, Fidias, Policleto, Sócrates, Herodoto, Tucídides, Jenofonte y todos aquellos que construyeron, conjuntamente separados, la Historia de la Grecia Clásica.

Indro Montanelli no solo escribió estas dos magníficas obras, estas joyas encuadernadas (como las que ya llamé así en otra ocasión), sino que también publicó cientos de artículos y otros muchos libros. Sin embargo considero que sobre la primera de estas pequeñas maravillas merece la pena hacer algunas reflexiones. Esta obra, la Historia de Roma, levantó ampollas en los medios académicos italianos, primero, y luego mundiales. Por primera vez alguien, ¡un periodista!, se atrevía a perder el respeto a la sagrada civilización del Tíber y mostraba sus entresijos menos gloriosos pero infinitamente más interesantes. Los insufriblemente aburridos miembros de la comunidad universitaria de la Historia, acostumbrados a escribir crípticas páginas inteligibles sólo para su reducida camarilla (el honorable ámbito académico, que le llaman), pusieron a don Indro a parir, ante lo cual imagino al genial periodista partiéndose de risa ante el mosqueo del respetable.

No sé yo si captáis la gravedad del asunto. Ved, por ejemplo: Octavio Augusto, el gran Augusto, el primer emperador de Roma, hijo adoptivo del divino César, el artífice de la Pax Romana, el forjador de un Imperio... tenía continuas diarreas. ¡No veas el cachondeo! Imaginad la escena, en plena batalla de Filippos contra Casio y Bruto, los cesaricidas, esas turmae de caballería que cargan sin tregua contra las cohortes leales y ese Marco Vipsanio Agripa que llega echando los hígados a la tienda de Octavio a preguntar dónde coño se ha metido su jefe que no está cabalgando al frente de sus bravos:

-¡Los jinetes de Casio están haciendo una carnicería en nuestro flanco derecho, y Marco Antonio no logra contenerlos! ¿Dónde demonios está Octavio?

-Cagando. Tiene otro de sus ataques de colitis.

-¡Joder con los césares y con la madre que los parió!

Y ese César en un rincón, tembloroso, haciendo sus necesidades evacuatorias dentro de un casco de legionario que le han dejado ad hoc mientras se devana los sesos pensando cómo va a limpiarse su augusto culo para que no se le hagan ampollas al montar sobre el caballo, si es que antes no le hace picadillo la caballería enemiga...

Pues sí cachorros: ése, y no otro, era el divino Octavio Augusto, fundador de Mérida, Zaragoza, y tantas otras colonias, que expandió las fronteras del imperio romano hasta límites hasta entonces desconocidos, que supo organizar magistralmente todas esas provincias conquistadas, acaparando un poder insospechado y, atención, todo ello manteniéndose dentro y en nombre de la más estricta legalidad, de acuerdo con las leyes de la República, hacia las que Augusto siempre sintió un reverencial respeto. Un ilustre cagón reumático que a menudo tenía fortísimas cefaleas y problemas intestinales. Esto no lo cuenta así el periodista italiano, claro, pero todos hemos sufrido alguna vez esas humillantes urgencias y no es difícil imaginarlas. Lógicamente los medios académicos no iban a perdonar a Montanelli el haber desvelado al mundo, a la opinión pública, tan terriblemente prosaica realidad. No es de extrañar que pidieran para él poco menos que la crucifixión.

Sobrevivió a una condena a muerte en el año 1944, pero nada pudo impedir que a las 17.30 del domingo 22 de julio del año 2001, en la habitación 610 de la clínica Madonnina de Milán, se apagase el gran Indro Montanelli a sus ya 92 venerables años. Como ha querido recordar su último director, Ferruccio de Bortoli, en realidad con él acabó verdaderamente el Novecento italiano, el siglo de Indro. En su honor compré, leí de nuevo y disfruté de esa Historia de los griegos, esa Historia de Roma y la posterior Historia de la Edad Media (escrita en colaboración con su discípulo Roberto Gervaso), contadas maravillosamente, como yo siempre quise que me las contaran. Fue mi pequeño homenaje. Y os recomiendo vivamente que hagáis lo mismo. Os reconciliará con esa aburridísima Historia que, tal vez, os hicieron aprender en la juventud profesores tan plastas como los que tuve yo.

¡Salve, Indro!

martes, 7 de diciembre de 2010

De mayor quiero ser controlador aéreo...

Sí, señores, lo he decidido. Yo, de mayor, quiero ser controlador aéreo.


Y no, no os confundáis. No quiero serlo porque cobren un sueldo indecente para cualquier mileurista, y no digamos para los más de cuatro millones de parados que hay actualmente en este país.


Tampoco porque tengan un trabajo seguro con todos los privilegios habidos y por haber. Ni porque les paguen las horas extras a 1.500 €.



Tampoco les envidio los viajes gratis que pueden hacer ellos y sus allegados, ni las bajas por enfermedad en cuanto sueltan un estornudo, ni la exclusividad de que haya sólo 2300 controladores en todo el país.

Mi envidia es más siniestra, más oscura, más retorcida...

Me importan un carajo sus reivindicaciones, por mí les podrían echar a todos a la puta calle porque seguro que no faltarán candidatos que les puedan sustituir. Y también me importa un cojón de mico que el último chantaje -así, con todas las letras- que han protagonizado haya sido por culpa de la empresa AENA, del gobierno de ZP o del sindicato USCA. Me da absolutamente igual todo...

Lo que me ha fascinado, lo que me ha dejado de piedra, lo que me produce una envidia negra y terrible es que esos desgraciados decidiesen plantarse un día y abandonar sus puestos de trabajo... y todo un país quedase con el culo al aire, paralizado, con los aeropuertos cerrados, los vuelos en tierra, los cielos sobre España vacíos de aviones (la imagen del mapa de situación del tráfico aéreo europeo era sobrecogedora) y cientos de miles de pasajeros (¡en TODO el mundo!) durmiendo sobre sus maletas, con los niños llorando porque no saben qué va a pasar y los padres cagándose en la puta madre de los controladores aéreos. Los sueños, las ilusiones y las necesidades de cientos de miles de personas tirados por el retrete.

Increíble. Fabuloso, de puro demencial.

Hacen huelga un par de millares de trabajadores ultraprivilegiados y todo un país -que vive muy principalmente del turismo- se colapsa, un medio de transporte de capital importancia como es el aéreo se bloquea por completo, se cancelan todos los vuelos (sean de vacaciones o de trabajo), hoteles y restaurantes se ven dramáticamente afectados por la falta de clientes, la bolsa española baja por la falta de credibilidad en un sistema económico que permite tal desaguisado en plena crisis... ¡se llega a declarar el estado de alarma, cosa que no había ocurrido jamás en los 30 años de democracia! ¡¡¡Se llega a militarizar el control del tráfico aéreo civil como en una república bananera en pleno golpe de Estado!!!

¡¡¡Y todo eso por 2.300 hijos de la grandísima puta!!!

A mí que no me vengan con milongas... Eso es PODER. Ni el presidente de los EE.UU, ni el banquero más forrado del planeta, ni el cargo directivo más alto de la mayor multinacional del mundo son capaces de algo así en menos de tres horas sin que se monte una revolución como las de antaño, con hoces, guadañas, cuchillos y cualquier instrumento capaz de cortarle los cojones al responsable del desaguisado...

Yo me estoy imaginando el cuadro si en el momento en que los pasajeros afectados por las cancelaciones y los malnacidos de los controladores coincidieron en el hotel de Barajas donde se alojaron unos y otros yo hubiese perdido un vuelo del que dependiese algo mucho más importante que unas vacaciones y me encontrase cara a cara con ellos. No me habría limitado a chillarles, como vimos en TV. Le hubiera dado un golpe en la cabeza a un policía, le habría quitado la pistola y al día siguiente los titulares de los periódicos hubieran sido muy diferentes. Mucho. Lo que no entiendo es cómo se lo tomó todo el mundo con esa pachorra.

Lo dicho: de mayor quiero ser controlador aéreo... Aunque tenga que tragar insultos, malas caras y expedientes disciplinarios.

PD: Piloto de aerolínea también me valdría, pero esos son otro cantar.

jueves, 2 de diciembre de 2010

El monje de Sijena: una primicia

Monasterio de Nuestra Señora de Sigena

28 de noviembre del A.D. de 1276

In Nomine Domini Nostri Iesu Christi. Amen

Triste está hoy la mañana, vive Dios. Desde laudes se barruntaban nubes y faz ya dos días que la reúma me muerde el costado, así que non est extranyo que se desfagan agora las cielos en lágrimas de ángeles, que non otra cosa son las gotas de lluvia para una tierra sedienta como la nuestra monegrina, inmisericorde tanto para el payés que della se nutre como para el noble barón que sobrella cabalga con su hueste al llamado de su rey, que acaba de entregar su alma al Señor. Dios le acoja en su seno, si tal le apetece.

Mas non he fecho la presentatio de mi humilde persona, e como non fui maleducado en mis mocedades bueno será que vos diga que Lorenço de Zufaria es mi nombre e la de monge cillerero del Real monasterio de Nuestra Señora de Sigena mi actual condición. Más de veynte años face ya que profeso en el cenobio sigenense y en todo aqueste tiempo he tratado de olvidar cuanto malo viví e regocijarme en el recuerdo de lo bueno que también me ocurrió en otras tierras e otros tiempos en que era fuerte mi braço e mi espíritu presto a la aventura. Non faltó de lo uno ni de lo otro en mi luenga vida ni poco ni mucho, pues si bien buenos palos han vareado mi costillar y he derramado lágrimas et sangre de mis entrañas en lanzes que non creeríais, también he catado el divino calor de un cuerpo femenino y la gozosa humedad de unos besos de muger, ¡e aún de muchas!, sentido la brisa del mar en el rostro, contado las estrellas de la noche brillando para mí et gozado de otros muchos plazeres que de seguida vos contaré si la maldita reúma me lo permite.

Porque habéis de saber, mis nobles senyores e damas que a bien tenéis de leer mis chapuceros escritos, que el destino decidió desde mi cuna la tonsura como mi condición en la tierra, pues allá por las postrimerías del reynado de don Pedro II de Aragón, tristemente fenecido en lo de Occitania, siendo yo segundón de un pobre linage de infançones zufarienses y apuesto mozico de apenas 8 o 9 primaveras, fui enviado al cenobio de Nuestra Señora de Sigena por mi padre para que la Santa Madre Iglesia me alimentase, vistiese et educase en los latines et las teologías, ya que la tierra de mi casar me estaba vedada en favor de mi hermano Juan por derecho de mayorazgo.

Por non defraudar a mi buen padre et deshonrar a la familia, aprovechando mis buenas dotes de memoria et mi interés por las ciencias e las letras, apliquéme bien en el estudio del trivium y el quadrivium aprendiendo cuanto un bachiller debe conoscer con buena disposición, de tal modo que aún no había acabado la adolescencia et ya era ducho en la Gramática, la Dialéctica, la Retórica et otros saberes que habrían de serme muy útiles en el futuro, bien que entonces aún non lo sabía... Sin embargo -¡ay!- nunca fue mi ánimo propenso al celibato, et si notamos que el cenobio de Sigena es dúplice et en el convivimos fratres et sorores separados mas bajo el mesmo techo, podrán muy rápido sospechar mis amables lectores que el pobre Lorenzico en Sigena, a los dieciocho años et con la labia que Dios me dió et los estudios que yo mesmo me procuré, era como una antorcha encendida colgando de una crin de caballo sobre un pajar reseco...

Como non podía ser de otro modo... un buen día la crin se cortó et la antorcha cayó, más ardiente que nunca, sobre una novicia de apenas catorze años llamada Laura de Vandelvira, a la qual mis artes e ingenio sedujeron sin escape posible. Mas el bello romance de estas dos palomas en celo acabó de modo trágico, terrible, et me darán mis lectores licencia para callar lo que entre nosotros ocurriera, pues forma parte de esos recuerdos que la memoria se obstina en mantener dolorosamente vivos a pesar de mis ímprobos esfuerzos por enterrarlos para siempre.

Sabed sólo que vuestro pobre monjecillo hubo de huir precipitadamente de Sigena, de Aragón e aún de la Hispania, perseguido por la Justicia del rey don Jaime y uniéndose allende los Pirineos a un grupo de bachilleres y clérigos errabundos que se ganaban la vida con la goliardía...

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Lorenço de Zufaria se despertó aquella mañana con la boca pastosa, la garganta reseca y un dolor de cabeza descomunal. Hacía ya más de dos horas que el gallo había anunciado el amanecer en el patio del fondaco donde había pasado la noche y le costó regresar a la realidad cotidiana. Se incorporó sobre los codos y escuchó las roncas de su compadre Marcial, que todavía estaba en el reino de Baco, abrazando una jarra de vino cuyo escaso contenido se repartía entre el estómago del durmiente y el suelo del establo. Muy cerca de ellos rebuznó un jumento y una voz estentórea, parecida a la de la bestia que llevaba del ronzal, gritó:

- ¿Será posible? ¿Aún andan estos dos piojosos por aquí? ¡Arriba, malditos gandules, que encima de no pagar aún os tendré que traer un cuartillo de leche para que os desayunéis!

El posadero, que acababa de entrar en el establo para llevarse al borrico a la aldea y comprar víveres para su establecimiento, subrayó sus amables palabras con un donoso puntapié en la boca del estómago del pobre Marcial, que regresó de golpe del mundo de los sueños. Evidentemente la austeridad, el comedimiento y los maitines del cenobio sigenense quedaban ya muy lejos de las costumbres de los dos goliardos...

domingo, 21 de noviembre de 2010

Salvas de Infanzonía y linajes infanzones en la villa de Luna


El 27 de septiembre del año 1263 su majestad el rey don Jaime I de Aragón concedía a 342 habitantes de la villa de Luna cartas que otorgaban a la población cincovillesa el status de infanzonía. No fue la única. A lo largo del siglo XIII numerosas poblaciones de la comarca (Luesia, Biel, Ejea, El Frago…) vieron aumentado el número de infanzones en sus casares. ¿A qué se debe este hecho?


Situación de las Cinco Villas en la Corona aragonesa a mediados del siglo XIII

Don Jaime I, hijo de Pedro II el Católico, tuvo una infancia difícil. Muerto su padre en el desastre de Muret (Occitania, 1213) a manos de los cruzados de Simón de Monfort, el pequeño heredero de la Corona de Aragón quedaba en manos del noble franco a quien había sido entregado en 1210 como prenda de buena voluntad en el enfrentamiento que el rey don Pedro mantenía con el papa Inocencio III a propósito de la lucha contra la herejía albigense que dominaba los territorios ultramontanos de la Corona. Muerto el monarca, la Orden del Temple medió ante el pontífice para que el rey niño fuese puesto bajo la custodia de los freyres templarios, de tal manera que don Jaime fue trasladado a la encomienda de Monzón, donde el Gran Maestre Guillermo de Montredon se encargaría de educar al muchacho.

Sin embargo, privado el reino de una cabeza visible que lo representase, las Casas de la Ricahombría aragonesa desataron una serie de luchas intestinas encabezadas por el abad don Fernando de Montearagón y el noble don Sancho de Rosellón, a quien las cortes de Lérida de 1214 habían designado regente durante la minoría de edad del jovencísimo monarca. Las banderías que ensangrentaban el reino lograron que el rey fuese entregado a los nobles, quienes llegaron a recluirlo en la Zuda de Zaragoza (1224) bajo el pretexto de protegerle de sus enemigos. Todos estos acontecimientos, además de otras rebeldías, traiciones y levantamientos, hicieron que don Jaime, ya en su madurez y habiendo asumido plenamente la corona, desconfiase siempre de una nobleza que a menudo se le había enfrentado, de tal modo que las relaciones entre el rey y los barones del Reino de Aragón resultarían tirantes desde el primer momento, trasladando el monarca el centro de su política a Barcelona en detrimento de las tierras aragonesas. Por este motivo podemos considerar a Jaime I el Conquistador como uno de los más notable soberanos de la Corona, ya que gracias a él se incorporaron a sus reinos las tierras de Mallorca y Valencia, pero también como uno de los menos inclinados hacia su reino patrimonial.

Apaciaguada la Corona de Aragón tras las conquistas de Mallorca y Valencia, las tierras de las Cinco Villas aragonesas, fronterizas con el reino de Navarra, habían caído a mediados del siglo XIII en franca decadencia. El foco de atención de la política real se centraba en el oriente de la Península, de tal manera que las otrora florecientes Cinco Villas, en las rutas desde Zaragoza y Huesca hacia Navarra y desde las tierras pirenaicas hacia el valle del Ebro, habían ido languideciendo y su importancia comercial había disminuido paulatinamente a medida que los derroteros de la política de la Corona se trasladaban hacia las tierras valencianas y al Mediterráneo desde los puertos de Barcelona, Valencia y Mallorca. Es en esta tesitura donde debemos insertar el hecho de la concesión de la infanzonía a numerosas localidades cincovillesas, lo cual tal vez es indicativo de que la política económica de don Jaime aún no había olvidado el rincón más lejano de sus reinos.

Pero… ¿por qué tal generosidad en la concesión de privilegios de infanzonía?

La condición de los infanzones en la Edad Media

Para comprender este hecho es necesario ahondar en la estructura de la sociedad medieval aragonesa. En ella, la nobleza ocupaba la cúspide de una pirámide cuya base formaba la mayoría de la población, dedicada al cultivo de la tierra y al pastoreo del ganado. Pero dentro de la nobleza podían distinguirse los altos linajes nobiliarios (llamados Ricoshombres de Natura o de Mesnada) y los denominados caballeros e infanzones, una baja nobleza concedida por deseo del monarca e incluso de los propios señores de la tierra. El status de caballero o infanzón concedía a quien lo disfrutaba de exención en el pago de impuestos reales como el herbaje (1), el bobaje (2) o el monedaje (3), y la obligación de servir en sus campañas militares al monarca (o al señor del que habían recibido el nombramiento) durante tres días, pasados los cuales el caballero o el infanzón quedaba libre de continuar al servicio del rey (4). Sin embargo, la peculiar estructura de las Cortes aragonesas (asamblea de representantes del reino convocada por el soberano para reclamar apoyo económico de sus súbditos o para recabar consejo, solucionar problemas y conceder privilegios a los estamentos asistentes) hacía que en ellas estuviesen representados cuatro estamentos (brazos): Ricoshombres, Caballeros e Infanzones, Iglesia y Universidades (nombre con el que eran conocidos los convocados a Cortes en representación de las principales ciudades del reino). Es en este particular donde el nombramiento de nuevos infanzones por el rey podía resultarle beneficioso.

Habitualmente las peticiones de ayuda económica (subsidios) del monarca a las Cortes contaban con el rechazo del brazo de los Ricoshombres y de la Iglesia, que a menudo exigían de la Corona fuertes contraprestaciones a cambio de aprobar dichos subsidios. La concesión real de cartas de infanzonía era un modo posible (aunque no una garantía) de ganar el voto favorable al rey de este estamento en las reuniones de Cortes, así como conceder nuevos fueros y privilegios a los representantes de las ciudades, lo cual podía permitir también al monarca contar con el apoyo del brazo de las Universidades. No siempre ocurrió de este modo, ciertamente, pero este hecho nos permite considerar que las reuniones de Cortes eran un ejercicio de tira y afloja dentro del laberinto de intereses políticos y, sobre todo, económicos en el que cada estamento jugaba astutamente sus bazas en el tablero del Reino antes de las sucesivas convocatorias a reunión de Cortes realizadas por los monarcas de la Corona durante toda la Edad Media.

En este sentido, la salva de infanzonía era el documento por el cual se concedía o ratificaba la condición de infanzón ermunio (descendiente de infanzones), de carta (designado por el rey o un ricohombre) o de población (otorgada de forma colectiva a todos los habitantes de una localidad) mediante el testimonio de dos testigos que juraban que el aspirante gozaba de tal privilegio de infanzonía bien desde dos o más generaciones o bien desde la concesión particular de dicho privilegio por parte del monarca o de un barón del reino. La salva recogía por escrito el desarrollo de todo el proceso de concesión o ratificación y una copia de ella quedaba en los archivos de la Real Cancillería, entregándose al infanzón un documento por el que la Corona reconocía, protegía y avalaba su condición, que incluía también el derecho al uso del escudo o blasón nobiliario en su casa y en cualquier otra de sus pertenencias.

Los infanzones de Luna

El caso de la concesión masiva de salvas de infanzonía a la villa de Luna en 1263 y a otras localidades de la comarca a lo largo de todo el siglo XIII, por tanto, obedecería a una doble estrategia política y económica. Por una parte, la exención del pago de impuestos reales liberaba a los habitantes de una serie de cargas fiscales que podían permitirles revitalizar tanto la producción artesanal como el comercio de la zona. El necesario status nobiliario del infanzón impedía que el beneficiado pudiera dedicarse al cultivo de la tierra, pero no así a otros oficios manuales como son el de herrero, cocinero, zapatero, molinero o pelaire, ocupaciones todas ellas en las que encontramos a 42 de los nuevos infanzones de Luna, según el documento estudiado por Anchel Conte que hemos indicado al principio de estas líneas. Verse libres del pago de impuestos reales permitiría a estos infanzones de nuevo cuño sanear sus negocios y revitalizar el comercio de sus productos bien en dirección a Navarra y Castilla o bien hacia las nuevas tierras conquistadas a oriente o allende el Mediterráneo si tal se terciase. Y, por otra parte, la presencia de representantes de las infanzonías de Luna, Biel, Ejea y otras localidades de las Cinco Villas en las reuniones de Cortes del Reino garantizaba de algún modo el apoyo de dichos representantes a las peticiones del monarca que les había concedido tal privilegio, convirtiéndoles en clientela de la Corona. Al fin y al cabo, y en un sentido práctico, siempre resultaría menos gravoso conceder subsidios puntuales al rey que verse obligados a pagar los impuestos reales de forma vitalicia. No deja de resultar significativo que en 1265, sólo dos años después de la redacción del documento al que aludimos, se celebrasen sesiones de Cortes en la villa de Ejea, durante las cuales el pulso entre nobleza y monarquía recaerá a favor de la primera al aprobar la creación de una figura que controlara y pusiera freno al poder absoluto del rey: el Justicia Mayor.

Es así como, en el caso de la villa de Luna, linajes familiares como los Alamán, Arbués, Artasso, Aysa, Zuera, Echo, Ferrero, Frago, Fuentes, Lambán, Lera, Molinos, Marcuello, Torres o Sacristán mantendrán aún salva su infanzonía en el censo elaborado por los Reyes Católicos en 1495, perdurando los linajes infanzones durante la Edad Moderna casi hasta el siglo XX.

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NOTAS

(1) Bobaje: tributo por la posesión de cabezas de ganado.
(2) Herbaje: tributo por el pasto de los ganados forasteros.
(3) Monedaje: tributo para que el rey renuncie a la acuñación de moneda y al lucro que tal fabricación significaba. Se pagaba cada 7 años.
(4) Además de estos derechos y obligaciones, el infanzón desde 1300, en general, no contribuye a las peytas o subsidios sino en tiempos de guerra, como tampoco contribuye a la construcción de fosos, puertas de las villas y murallas. Las causas que mantiene con el rey son juzgadas por el Justicia y su palacio es asilo de refugiados, salvo que se trate de ladrones, raptores y traidores manifiestos, o que el delincuente haya cometido el delito con su consejo. Desde 1307 se le reconoce libertad de testar para conservar íntegro su casal, y también se le exime de la prisión por deudas en 1626, o de la prisión por extender albaranes como mercaderes en 1646, a no ser que se demuestre que ejerce realmente el comercio con libros, tiendas o bancos. (GEA, artículo “Infanzones”. Ver bibliografía)

BIBLIOGRAFÍA

CONTE CAZCARRO, Ánchel:

A poblazión de Luna circa 1265. Revista “Argensola”, núm.112 pp.225-242. Huesca: Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1998-2002.

FALCÓN PÉREZ, María Isabel:

Las Cinco Villas, tierra de infanzones. En Las Cinco Villas aragonesas en la Europa de los ss. XII y XIII. Coord. Esteban SARASA SÁNCHEZ. Pp. 295-323. Zaragoza, IFC, 2007

Los infanzones de Aragón en la Edad Media. Zaragoza, IFC, 2008

GEA on line: artículo “Infanzones”

http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=7099&tipo_busqueda=1&nombre=Infanzones&categoria_id=&subcategoria_id=&conImagenes=

martes, 26 de octubre de 2010

Sobre la Historia y el Espectáculo...



Los profes de Historia tenemos mala suerte...

Un matemático, un ingeniero, un químico, un farmacéutico... tienen la oportunidad de experimentar en vivo y en directo con el objeto de sus investigaciones. De no ser así, íbamos daos cada vez que nos pusiésemos enfermos, se nos estropease el coche o fallase la instalación eléctrica. Pero los historiadores lo tienen mucho más crudo. Sólo disponen de indicios, fuentes directas que es preciso analizar con lupa para poder concederles fiabilidad. Y muchas veces, ni siquiera así están libres de falsas interpretaciones o falseamientos de la Historia que pretendemos iluminar y dar a conocer.

A pesar de ello, aún suponiendo que con un enorme cúmulo de buena suerte y un trabajo concienzudo, a veces de toda una vida de estudio dedicada a un personaje o un período histórico, los grandes investigadores logren esclarecer de forma suficientemente fiable un determinado acontecimiento, una parcela de esa Historia que ha consumido sus horas de sueño y sus desvelos, a los profesores (transmisores de cultura) nos toca luchar contra los alumnos... y contra estereotipos que el público tiene grabados a fuego en la mente y resulta muy difícil modificar.

Dentro de las estrategias de enseñanza de la Historia, el máximo nivel de aprendizaje sólo podría obtenerse mediante la experiencia directa, lo cual únicamente es posible participando de forma personal en un acontecimiento histórico contemporáneo (al menos hasta que alguno de esos científicos suertudos logre inventar una Máquina del Tiempo). Muy por debajo de esa experiencia directa se encuentra la Dramatización del hecho histórico... Y ahí es donde siempre mordemos en hueso.

¿Dramatizar un hecho o un período de la Historia? Es decir... ¿RE-crearlo? Pues sí, se ha hecho infinidad de veces, especialmente a través del cine y la TV, los medios de comunicación de masas del mundo actual. Ahora bien: ¿de qué modo y, sobre todo, con qué intención? ¿Qué buscamos al ver "Master and Commander", "El Nombre de la Rosa" o "Amadeus"? Pues en mi opinión, cada uno de nosotros intenta llevar el agua a su molino y muchas veces de forma equivocada: el historiador busca fidelidad a las fuentes históricas; el público en general busca entretenimiento, diversión y emoción; el sastre se fija en el vestuario, el peluquero en los tocados, el soldado (o el interesado en la cosa bélica) se fija en las armas y en las cuestiones militares... Y el creador/director/productor de la película, la serie o el documental... se fija en el "share" o en la recaudación en taquilla. Y si para aumentarla tiene que sacrificar a la Historia en aras del Espectáculo (o de lo que el público ESPERA ver en la pantalla), de la Economía (muchas veces hacer las cosas bien y con rigor significa GASTAR lo que no se tiene... o no se está dispuesto a invertir) o lo Políticamente Correcto (para no herir sensibilidades), pues se sacrifica y santas pascuas. Ejemplos los tenemos a millares, y los más recientes están aún ardiendo: "Hispania", "La princesa de Éboli", "Águila Roja"...

Si nos ponemos estrictos, si enarbolamos el Manual y no permitimos pasar una pifia, la verdad es que no se salva del todo NI UNA SOLA producción cinematográfica o televisiva de ambientación mínimamente histórica. Todas patinan por el mismo sitio: las concesiones a lo espectacular, a lo que el público quiere, por el mínimo dinero indispensable. ¿Se puede compaginar rigor histórico con espectacularidad? Nada más fácil: ¡Anda que no tenemos episodios en la Historia suficientemente espectaculares como para reflejarlos tal cual fueron! Pero, claro, quedan más obstáculos: el dinero, que todo lo puede (se trata de gastar lo mínimo ofreciendo una historia emocionante: al rigor que le vayan dando, que es caro), o la corrección social, que muchas veces es incompatible con la Historia... Si un hombre le pega una hostia a una mujer en una película ambientada en la Edad Media y ese mismo individuo no muere entre atroces dolores pocos minutos después como justa venganza ante tal maltrato, empiezan a patinar nuestras neuronas feministas por todas partes sin pararse a pensar un segundo que lo habitual (hasta hace relativamente poco tiempo, y para algunos malnacidos todavía hoy mismo) era que el energúmeno actuase de tan salvaje modo como algo cotidiano, como una costumbre socialmente admitida y (¡pásmense!) incluso alabada...

Y claro... luego tienes la tentación de poner en clase una película "histórica" para que los alumnos entiendan un poco mejor la época que estás explicando y... te sumerges en un mar de dudas o acabas llevándote a Gomi a clase para que comente fotograma a fotograma las "pifias" que vaya viendo una tras otra.

Lo dicho: tenemos mala suerte...





HISPANIA (La leyenda)

Pues sí señor... Al fin la estrenaron, mireusté. Después de docenas de anuncios, una demora para que no coincidiera con otra serie estrenada por Telecínico y todo un despliegue mediático alrededor de la nueva apuesta "histórica" de Antena 3 (la primera fue "La princesa de Éboli"), este lunes estrenaron "Hispania" y un coro de ladridos y quebrantos procedentes de la jauría recreacionista talibán se lanzó sobre ella para despedazarla sin dejarle un hueso sano...

Que sí, que vale, que la serie es una mierda, en eso estamos todos de acuerdo. Que la ambientación es patética, que el vestuario y el atrezzo son de "Berska", de "Ikea" y de las sobras de "Gladiator", que la interpretación de prácticamente TODOS los actores es penosa, patética, horrible, que parece un culebrón venezolano a la "hispana", que Juanjo Ballesta es un macarra barriobajero metido a adolescente díscolo lusitano, que Lluis Homar se cree Lawrence Olivier en "Espartaco" y no llega ni a Roberto Benigni en "Asterix y Cleopatra", que los soldados romanos montan a caballo con estribos y llevan cascos de opereta, que las "falcatas" hispanas son de Deepeeka, que los cinturones, las hebillas, las fíbulas, los colgantes y los vestidos son de comparsa de Moros y Cristianos, en el mejor de los casos, que el argumento mezcla churras con merinas y habla de Hispania como si fuese una democracia autonómica buenrollista gobernada por el PSOE...

Todo eso lo sé, pero qué queréis que os diga... Primero, que no se trata de un documental sino de una ficción televisiva. Y, además, española para más INRI. Si la propia serie "ROMA" -con toda su cuidadísima ambientación- fue puesta a parir por los entendidos de turno, no se podía esperar menos de esta "cagada" hispánica que parece más un "Águila Roja" celtíbera que un intento serio de novelar la vida de Viriato (de quien, dicho sea de paso, se conoce muy poco). Segundo, que puestos a escoger, o apago la tele y me veo una buena peli en el DVD o, como mal menor, me conformo con este intento de llevar algo de cultura a una Caja Tonta dominada por el Gran Marrano de la Milá, el "Sálvame el bullarengue" del lindo Mermelada o "La Noria" de esa recua de mulas que tiran de ella los sábados por la noche. Por lo menos, es un intento y es de agradecer. Y tercero, que las tetas de Ana de Armas no están nada mal, aunque sea con transparencias.


Así que oye... A mí me ha gustado, con sus fallos y todo.

(¡AAAAAAaaaaay, Omá, qué rica!)

jueves, 21 de octubre de 2010

Dados, Amor y Clérigos...


Ando yo últimamente muy lector...

Siempre lo he sido, pero es que en las últimas fechas (cosa de un par de meses, más o menos) me he "calzado" no menos de cuatro o cinco libros, alguno de los cuales tal vez me podría arrepentir de haber leído (ese Imperator que reseñé aquí mismo, sin ir más lejos) si no fuera porque la lectura siempre es un ejercicio extraordinariamente gratificante para los miembros del "Club Oficial de Odiadores de Belén Esteban" y... la televisión, en general.

Después de un par de semanas sin poder conectarme a internet (cosa que de todas formas recomiendo porque supone una cura de desintoxicación muy saludable para volver a poner los pies sobre la tierra sin perderse en el alienante mundo del Facebook, los foros y los blogs) debido a un virus gonorréico adquirido por visitar determinadas páginas innombrables sin preservativo, regreso a estos lares que tan abandonados tenía para retomar la casi ya adquirida costumbre de ofreceros una reseña de aquello que más me ha llamado la atención en esta reciente zambullida repentina en el mundo de las letras.

Se trata de un librito muy majo, muy curioso e interesantísimo cuya lectura ha tenido consecuencias importantes en mi modo de ver la recreación medieval... e incluso me ha servido de acicate para dar forma a una historia que tal vez -sólo tal vez- empieza ya a gestarse antes de plasmarla por escrito. Su título: Dados, amor y clérigos: el mundo de los goliardos en la Edad Media europea, del ensayista, poeta y crítico literario Luis Antonio de Villena, una obra ya vieja (la primera edición es de 1978) pero que constituye un auténtico clásico de la historiografía medievalista, muy recomendada en los seminarios y departamentos de Historia Medieval de las universidades españolas. Acaba de ser reeditada este mismo año y creo que merece la pena prestarle un poco de atención...

Para empezar, el tema. Últimamente quienes me conocen ya saben que mi personaje en Fidelis Regi se decanta hacia el mundo eclesiástico (nunca le agradeceré lo suficiente a mi querida y entrañable Rocío lo bonito que le quedó el hábito de monje que me cosió esta primavera), por lo que cuando vi este libro en la Librería General me entraron enseguida ganas de comprarlo (cosa rara... ¿verdad, maese Cornel?) y empaparme un poco del mundo goliardesco...


Pero ¿quiénes eran los goliardos?

No se sabe muy bien de dónde deriva el nombre, pero el autor del libro los define y describe como clérigos vagantes, peleadores, enamoradizos, cultos y mentirosos que habían abandonado sus estudios en el monasterio y tirado sus votos de obediencia y castidad a las letrinas (el de pobreza lo llevaban pegado a los hábitos: nunca fueron potentados) para dedicarse a recorrer los caminos, las villas, las universidades, las fondas, las tabernas y los burdeles de toda Europa viviendo de la caridad y el latrocinio en un constante "carpe diem" (disfrutad el momento) a salto de mata, expuestos a todos los peligros y placeres, componiendo poemas en latín, cantando canciones de taberna, pasando hambre, frío y calor, vendiéndose al mejor postor, renegando de la Iglesia y sus ministros (aunque no de Dios ni de la Fortuna) y... follándose lo que se les ponía a tiro (prostitutas -gratis- y criadas de buen ver, generalmente) a fuerza de recitar poemas y echarle mucho, muchísimo morro a la vida. Eran gentes sin amo ni señor, muy críticos con la sociedad en la que vivían (sobre todo con sus próceres: ricoshombres, monarcas, caballeros, obispos, cardenales y hasta el mismo Papa), imbuidos de cultura popular pero maestros en el arte de la versificación en latín, cuya obra más representativa (aunque en absoluto única) son los espléndidos Carmina Burana recopilados por Karl Orff en los años 30 del siglo XX.

Lo mismo podían ser secretarios de un noble que mendigos de ciudad, cortesanos palaciegos que profesores de Teología... Luis Antonio de Villena describe en este libro las vidas de algunos de ellos y hace una recopilación de sus poemas (traducidos al castellano pero también en su versión original latina) comparándolos con la lírica provenzal, la poesía de Amor Cortés e incluso las "cantigas de amigo" de la lírica galaico-portuguesa, marcando sus diferencias y llegando a conclusiones muy interesantes (también hubo goliardos en España, aunque pasado ya el apogeo goliardesco, a comienzos-mediados del siglo XIII). Y además lo hace el señor Villena con un estilo ligero, muy asequible y fácil de comprender, con abundantes ejemplos e incluso haciendo un ejercicio final de empatía con los personajes cuyas vidas y obras desgrana.

Vamos, que uno lee este Dados, amor y clérigos... y le entran unas ganas terribles de meterse en la piel de uno de ellos y contar sus peripecias por los caminos de Europa, huyendo de la Justicia y del monasterio, entrando al servicio de un caballero aragonés o echando un kiki con una criada jamona mientras canta eso de...

O, Fortuna
velut luna
statu variabilis.

Semper crescis
aut decrescis
vita detestabilis
nunc obdurat
et tum curat
ludo mentis aciem,
egestatem,
potestatem,
dissolvit ut glaciem.

No sé... Vamos, que me llama, me llama el tema goliardesco.